Hombre pasea por barrio turco de Kreuzberg, Berlín.
Crónicas

Víctimas de Berlín

A finales del 2017 se realizó en el Museo de Friedrichschain-Kreuzberg, Berlín, una exposición titulada “Orígenes y rutas migratorias de los vendedores de droga de los parques de Berlín”. En esta exhibición se mostraban trece figuras, la mayoría de ellas hechas de cartón, en representación a trece camellos que había conocido y entrevistado su autor: Scott Homquist.

“Es más un proyecto contra el racismo que un proyecto para glorificar los camellos”, responde Wayra Schübel, una de las responsables de la exposición, a las críticas que alegan la necesidad de mostrar a las víctimas del consumo de droga más que a los traficantes. Y es en la palabra «víctimas» donde pararemos luego, porque el lenguaje es un arma sutil con resultados nucleares. Pero ahora estamos caminando por el barrio Kreuzberg de Berlín en busca de una cerveza.

¿Veinticuatro horas de fiesta sin drogarte?

Son las ocho de la noche en un Berlín de diciembre. Quedan tres días para la entrada del 2019 y me pregunto por qué sigo deambulando por el barrio turco. ¿En busca de qué? ¿En busca de quién? En las esquinas se reúnen grupos de hombres negros que me hacen recordar que sigo siendo una mujer viajera con miedo y, aunque inconscientemente, muchas veces clasista.

Los minutos mueren lentos. El color de la noche me parece más negro que el de la noche catalana. Concluyo que científicamente todas las noches son iguales: cuando el cielo se queda sin sol no hay más que oscuridad, y punto. La razón ha de ser que estas calles tienen menos postes de luz que mis calles y que este cielo no está acompañado de las estrellas de mi cielo, que ya de por sí son pocas. De todos modos, me sigue pareciendo una noche afligida.

Tommas, el compañero de habitación del albergue, me recomendó que saliera a descubrir. «Ve a algún sitio a tomarte una cerveza y verás cómo serán los mismos alemanes, quienes por ninguna razón, vendrán a hablar contigo. Berlín es una ciudad muy abierta». Tommas está haciendo la vuelta al mundo a pie hasta llegar a su destino: India. Pero Berlín, la música electrónica y los subidones de adrenalina le llevan a hacer una parada “técnica”.

«Es imposible salir veinticuatro horas de fiesta sin drogarte», respondí a su alegato efusivo sobre la fiesta en la ciudad. «Eso depende de ti», respondió el tipo con voz burlona. Me vendió tan bien la ciudad que por eso sigo aquí, en busca del pub en el que supuestamente he de conocer alemanes locales que quieran entablar conversación con esta dichosa turista.

La gente de los bares está o demasiado enérgica o demasiado aburrida. Siento que no engancho en ningún lugar. Que le den a la fiesta de Tommas, voy a la tienda a por una birra.

Servicio completo

Abro las puertas de la nevera en la tienda/supermercado/restaurante/ cafetería que lleva una pareja china. En este lugar puedes comprar desde una lata de cerveza hasta pedir unos fideos salteados con verduras, recargar el saldo del teléfono, comprarte unos chicles o encargar un gramo de cocaína y unos cuantos de marihuana.

Salgo feliz con mi lata de cerveza helada en las manos. Fuera de la tienda/supermercado cafetería/restaurante, un chico joven me pide papel para tabaco. Le digo que no tengo, pero con una sonrisa y un gesto terriblemente dulce, me suplica que busque en el bolso cualquier cartón que le sirva para liarse el pitillo. Le saco el billete de metro veinticuatro horas que había comprado para moverme durante el día por la ciudad. Se niega a aceptarlo, pues me sirve para mañana hasta las diez. Y pienso: «Maldita sea». Ya se ha ganado mi confianza el chaval de sonrisa azucarada que se presenta con el nombre de Dimitri.

Me siento a charlar con mi nuevo amigo Dimitri y agradezco que Tommas tuviera razón, que en Berlín nunca estarás solo y que la noche te llevará como un animalillo libre por el campo. Dimitri es inmigrante de Letonia y trabaja como obrero en la construcción. Ambos tenemos la misma edad, veinticuatro años, aunque él ya es padre de una criatura llamada Anton.

Enciende un porro de marihuana y aprovecho para preguntarle sobre el resto de drogas en Berlín. «Es fácil encontrar. ¿Quieres que te consiga algo?», me responde con la facción triunfante de haber ganado una nueva compradora. Me decepciono y vuelvo a recordar al puñetero Tommas y su concepción sobre la amistad en Berlín. Solo se estaba ganando a una clienta.  

Víctimas del sistema

Dimitri no gana suficiente en la construcción como para mantener la casa y su familia. Tampoco tiene estudios y, aunque los tuviera, igual se encuentra en situación de ilegalidad en Alemania. En aproximadamente hora y media que pasamos juntos consiguió pasar drogas a tres personas. A todos se les acercaba con una excusa, una sonrisa o una pregunta curiosa. «Lo importante es no llegar a casa con las manos vacías».

Más tarde, se une a la mesa su amigo Filimon. Ambos forman parte del grupo que controla la venta de esta calle. A veces la escena en la mesa se vuelve chistosa. Filimon alardea que solo duerme con blancas porque las negras como él son racistas. Luego piropea las piernas de una mujer que pasa y Dimitri le pide que pare, que no es momento, que hoy hay compañía. Entonces me río y suavemente aterriza una idea que patea mi cerebro durante los próximos meses: en el mundo del tráfico de drogas, todos son víctimas. La sociedad es un ser inteligente, graduado y especializado en clasificar a las personas para empoderar —o desapoderar— a según qué personaje. Dimitri y Filimon me parecieron un resultado más del statu quo. ¿Acaso menos decentes que yo por subsistir? ¿Acaso menos valientes que otros inmigrantes? ¿Menos fuertes? ¿Más vagos?

Me despido de ellos con un choque de puños y otro de hombros. De camino al albergue pienso: «Tommas tenía casi razón».

0 - 0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies