El Mundo interior de Cuba

El Mundo interior de Cuba

¿Qué sería de Cuba si le quitáramos las playas paradisíacas, los coches antiguos, las mulatas, el tabaco, el ron, la salsa?
Más allá del maquillaje superficial y del supuesto paraíso que la representa, aparece la silueta de una isla mucho más imperfecta: imperfectamente luchadora, superviviente, original. Imperfectamente perfecta.

Desde los primeros navegantes y colonizadores hasta los curiosos turistas que ahora recorren La Habana, ansiosos de fotografiar a cubanos con tabaco en boca y vestimenta “local”, se ha maquetado minuciosamente dos cubas: la del turista y la del cubano.

La Cuba del turista le hace sentir a éste la sensación de que ha valido la pena; pero nunca más volvemos. Ahora toca República Dominicana, Cancún, Tailandia. Y la Cuba del cubano, por siempre jamás, aún por descubrir.

¿Qué hay a lo largo de 1.250 km de extensión de isla?

 

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Más allá de la Habana

Cuando desciendes la isla, el paisaje del alrededor se estira, se fragmenta y se vuelve a juntar a modo de plastilina para ofrecernos una estampa muy diferente de la que atrás habíamos dejado.

La parte oriental de la isla (este) vive una eterna guerra social con occidente (oeste). Los orientales, en busca de una mejora económica, emigraron, y siguen haciéndolo, hacia ciudades de la zona occidental en busca de un trabajo mejor remunerado.

800 km separan La Habana de la provincia de Holguín, al este del país. El recorrido entre ambos puntos representa el traspaso de una sociedad con flujo de dinero extranjero hacia otra abandonada por los turistas, con lo bueno y lo malo que esta orfandad comporta.

Paramos en Guaro, municipio rural de alrededor 16.000 habitantes. Una parte asentada en el núcleo del pueblo y la otra dispersa a las afueras y en las montañas. Allí, donde nada cambia y donde el tiempo transcurre lento, pastan a los animales y aran la tierra con bueyes o caballos. Un retrato muy diferente al de las terrazas de la Plaza Vieja en la Habana, donde se trasluce un “comunismo” mucho más fresco, cómodo y elegante.

Nos han dicho que en el pueblo costero de Guatemala, a unos 20 km de Guaro, podremos conseguir pescado fresco. Aun siendo Cuba una isla, los pequeños habitantes del mar son un alimento codiciado que se lleva a las ciudades y a los resorts donde canadienses, ingleses y españoles llenarán sus estómagos con las delicatessen del mar. En Guatemala conocimos a Yordanis, antes traumatólogo, ahora pescador. Rápidamente nos abre las puertas de su casa, nos brinda café y nos invita a la playa. Aceptamos la propuesta.

Por Guatemala pasa la patana, una embarcación pesquera que transporta a aquellos que vienen a trabajar a Guatemala desde los cayos. Traemos pan con aguacate, aguas, crema solar, toalla, cámara y móvil. Yordanis trae música. Porque no hay Cuba sin música ni música sin cubanos. Le da al play justo al subirse a la patana y como domingueros de sombrilla y nevera, llegamos a Cayo Saetía. Y nos fuimos. No se nos permite la entrada en ningún trozo de arena de los 42km². «Están esperando visita y por motivos de seguridad no nos dejan entrar», nos confirma Yordanis. «¿No nos dejan bañarnos en una playa pública?», pregunto. «Cuando hay visita solo pueden entrar los turistas, que son los que pagan».

En la cola del disfrute y el gozo se encuentran en un primer lugar, con gran ventaja respecto a los últimos, los políticos del Partido Comunista, seguido por aquellos con categoría de extranjero o turista y, si queda algo por aprovechar, los cubanos.

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La cuna del comunismo

La tela enredada del cableado se pasea por encima de nuestras cabezas. El ruido de la calle junto al de las cafeterías, puestos de relojería, tiendas de zapatos y hasta una tienda Adidas, te estremece el cerebro. A 100km de Guaro, donde reinan los carros de bueyes y las bodegas desérticas de comida, se encuentra Santiago de Cuba, ciudad rodeada por las montañas de la Sierra Maestra en donde se organizó la guerrilla revolucionaria.

La ciudad oriental fue la primera capital de Cuba hasta el 1556, año en el que se asignó a San Cristóbal de La Habana nueva capital de la isla. Gracias a su situación geográfica, el puerto de Santiago es un punto estratégico conectado al mar Caribe. Desde él, a mitad del S. XVI llegaron las primeras embarcaciones de esclavos africanos. A falta de fuerza de trabajo, puesto que los taínos se resistían a acatar órdenes de los colonizadores o se les mataba de hambre, los africanos fueron otro escalón vital para el mestizaje en Cuba.

«Los santiagueros no se quedan callados. Cuando les falta leche, carne o papas, se queja todo el mundo. Así que nos quitan la producción a los pueblos de la zona de oriente para enviársela a ellos. Les tienen miedo». El Chino, como lo llaman, no porque tenga relación con el Lejano Oriente sino porque nació con los ojos rasgados y el pelo pincho, vive en Guaro y nos acompaña a Santiago. Busca trabajo desde hace años y de mientras, simplemente vive. Porque tanto si trabajas como si no, el dinero aquí sale de otro lado. En la isla se ha creado una especie de mercado interno en el que la oferta y la demanda depende de si alguien ha comprado todo el jabón de la tienda. Así que la oferta se reduce a una única persona y la demanda a todo el pueblo. El modus operandi cubano.

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Rozando el limbo

Hace dos años se avecinaba el fin del mundo en Baracoa. El cielo se volvió escalofriantemente negro. Los altavoces del pueblo anunciaban un inminente maremoto: «Suban lo antes posible a la colina del Castillo y mantengan la calma».

«Mami, recoge lo más importante y vámonos de aquí. ¡Corre mami corre, que viene! Salimos de la casa y ella caminando como si estuviera de paseo. Pero mami que viene un maremoto, ¿¡no lo entiendes?! Al final no vino nada y menos mal, porque nos hubiese cogido los primeros», nos explica Luisito mientras comemos un bacán, plato típico baracoense hecho con carne, plátano verde y leche de coco.

Prácticamente tocando la punta este de la isla, nos encontramos la primera villa fundada en 1511 por el conquistador español Diego Velázquez. Hay dos formas de llegar hasta ella. La primera, a través de carretera y luego un camino de terraplén. La segunda, por la montaña La Farola. Ambas son un viaje largo teniendo en cuenta el corto recorrido real que hay para llegar a Baracoa, pero sin lugar a dudas la belleza está en el camino. Aislada por siglos de una Cuba centralizada, es una de las pocas ciudades en las que se recuerda y se mantienen trazos de la cultura aborigen taína.

«Dicen que Cuba se descubrió por Cayo Bariay, en Holguín. Pero cuando Colón escribió cómo era el lugar que veían sus ojos lo hizo describiendo un paisaje similar al de Baracoa, no al de esa zona», nos explica Luisito. Estudia la carrera de Medicina porque algún día quiere ser cirujano, porque tiene vocación y quiere ayudar en su país o en cualquier otro sitio.  Muchos otros, la mayoría, se decantan por Medicina como posible vía de escape. Saben que puede ser una oportunidad para hacer una “misión” —colaboración de médicos cubanos con otros países de Latinoamérica— y tener un ingreso mayor de dinero al trabajar en país extranjero.

Sólo si conoces la Cuba de los cubanos, puedes responder a la pregunta del principio. ¿Qué sería de Cuba si le quitáramos las playas paradisíacas, los coches antiguos, las mulatas, el tabaco, el ron, la salsa?

Todo. Sentirías estremecer el aire; ver cómo se mezclan las luces, las voces y los gritos; olerías la madera, la lluvia, el verde húmedo.

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