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El hedia, un regalo para toda la vida

El ritmo de la música, el compás del baile, la felicidad de las personas, los colores de sus ropas… Es lo que ocurre en Tánger el día que el novio entrega un regalo para toda la vida. Encontrarte con esta celebración es una auténtica fiesta para los sentidos. Pasear por las calles de Tánger sorprende: cuando menos te lo esperas algo te deja con la boca abierta. Entonces te acercas y descubres.

Un grupo de gente sube por la calle principal del Zoco Chico al ritmo de los tambores, gritando y festejando. Todo se paraliza. La gente de los establecimientos sale a la calle, incluso cierran las tiendas. Y allí es dónde todo el mundo se une a celebrar, sin saber muy bien el qué, una gran fiesta que terminará, si Al-lah quiere, en boda.

Lo que dicta la tradición

¿Qué se te viene a la mente cuando piensas en una boda? Es posible que sea una de las celebraciones más diversas en todo el mundo. Cada lugar adapta sus tradiciones, su cultura y su religión. Además, existe una concepción muy diferente alrededor de la unión matrimonial. Es increíble la diversidad de las bodas según el país: sus colores, la duración, las decoraciones, las familias. El matrimonio para la ley musulmana está considerado como un contrato civil que debe cumplir obligatoriamente todo aquel que quiera contraerlo. En Marruecos, las formas de festejar esta unión pueden llegar a ser muy diversas en función de la tradición familiar, la zona del país y la cultura.

En la zona del Rif, norte de Marruecos, como en otros lugares del mundo, las mujeres no tenían derecho a decidir con quién querían casarse. Eso era un asunto del que se encargaba el wali (padre o tutor). Actualmente la situación ha cambiado y aunque las tradiciones siguen siendo las mismas, el derecho a decidir es libre. La pareja pasa por una primera etapa, hotoba, en la que se realiza una petición de mano formal acompañada de la lectura de un verso del Corán, la fatiha. Si ambas familias están de acuerdo, la pareja contraerá matrimonio, pero no sin antes haber pasado por una de las celebraciones más peculiares: la entrega del hedia.

La gran fiesta del novio

El novio está nervioso, sabe que hoy es un día importante. Todo el mundo le espera a las puertas de su casa, su familia y amigos también saben que hoy será un día especial, por eso deciden acompañarlo y celebrarlo junto a él. Viste de blanco una larga jellaba, pantalones y babuchas. Dos caballos engalanados con monturas bordadas de colores lo esperan en la puerta. Uno es para él, el otro lleva el hedia. 

Empieza el recorrido. Los caballos, el novio y toda la gente que han decidido acompañarlo se dirigen a casa de la novia a entregarle el hedia. Este presente está colocado sobre el otro caballo, se trata de una gran caja adornada con telas de encaje doradas y coloridas. Dentro hay regalos que el novio va a entregar a la novia. Una muestra de que no le va a faltar nada y una garantía de matrimonio. En origen, era común entregar joyas de oro y objetos de gran valor asegurando que si al marido le ocurría algo, la novia pudiera vender todo aquello y sobrevivir. Hoy, el hedia se compone de telas de seda, ropa, babuchas, azúcar, dátiles, té, perfume, bolsos, velas, joyas y, en ocasiones, un animal para el sacrificio que se realizará en días posteriores.

Antes del sí quiero

Suben y bajan por las calles de la medina, es un auténtico espectáculo. La intención es involucrar a toda la ciudad en el festejo, todo el mundo le da la enhorabuena al novio y él, desde su caballo, saluda y se lleva la mano al pecho, agradecido. Los caballos están tirados por hombres vestidos con coloridas jellabas y llevan astas con banderas de Marruecos y de la ciudad de Tánger. Encabeza la “procesión” un grupo de niñas vestidas típicamente con las ropas de los pueblos amazigh  de la zona del Rif: vestidos de gasa blancos, que cubren de pies a cabeza y sombreros de paja con borlas de colores.

La gente baila, salta y ríe al ritmo del mizmar (flauta), el tebel (tambor pequeño) y la djarbouga (tambor). Todo esto se acompaña del zaghareet de las mujeres, el típico grito árabe que se utiliza para expresar, en este caso, alegría a la vez que desear suerte, éxito y ánimo al futuro marido.

Ya están llegando a casa de la novia. Le entregan el hedia y se van. La novia ha pasado el día con sus amigas y el resto de mujeres de la familia en el hamman relajándose, purificándose y adornando sus pies y manos con dibujos de henna. Y el novio acudirá al baño tradicional marroquí con sus amistades más íntimas para finalizar el día. Es muy común que los actos previos a la boda, se celebren por separado.

Descúbre un poco más con este corto vídeo

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