Anantapur
Cultura

El Abrazo de Tres Millones

Anantapur es una de las regiones más pobres y áridas de la India, ese país de belleza atemporal donde aún existe un sistema social milenario que divide a la sociedad en castas.
Los dalit, o intocables, se encuentran tan abajo en la jerarquía que en estricto rigor no se encuentran en ella, están vacíos de derechos y muchas veces de esperanzas. Fue en esta región, cincuenta años atrás, donde el misionero barcelonés Vicente Ferrer inició el trabajo de su vida, alcanzando a tres millones de personas, incluidos los dalit que nadie más quería ayudar.

El gran viaje de Vicente Ferrer

Vicente Ferrer comenzó su trabajo el año 1952 en Bombay, al lado de la Compañía de Jesús, donde se ganó el corazón de muchas personas, pero también recelo por parte de políticos y religiosos locales. Esto le costó la expulsión de Bombay en 1968, sin embargo, las personas que lo apoyaban reaccionaron exigiendo justicia para el misionero: decenas de miles salieron a la calle y realizaron una marcha de 250 kilómetros entre Manmad y Mumbai. Gracias a esta manifestación de apoyo, Indira Gandhi le otorgó permiso para volver.

Cuando fue expulsado, Vicente se despidió de sus miles de amigos con un escueto “espérenme, ya vuelvo”. Al año siguiente, logra cumplir su promesa y regresa a Andhra Pradesh, único estado dispuesto a aceptarlo.

Poco después, ya asentado en la pobre Anantapur, abandona la compañía de Jesús, funda la ONG Rural Development Trust y se casa con la periodista inglesa Anne Perry.

Así continuó durante decadas, incansable, el trabajo de este ser humano que dedicó su vida a los demás, organizando con gran habilidad técnica la construcción de miles de pozos de agua, escuelas, hospitales y sistemas de microcréditos para ayudar a salir de la pobreza a los más desvalidos: ése era su milagro.

En 1996, finalmente el misionero funda su ONG homónima, donde hasta el día de hoy se mantiene vivo su legado inagotable.

Vicente Ferrer muere el 19 de junio de 2009 debido a la complicación de una embolia cerebral, y es despedido por miles de personas en Anantapur.

Aunque Vicente ya no esté entre nosotros, su proyecto de vida aún no termina, la fundación sigue adelante con su trabajo. Aún queda mucho por hacer.

Parias, dalit o intocables:

Esta antigua discriminación se desvanece en las urbes pero persiste aún en zonas rurales. Hasta hace no mucho, personas de castas superiores evitaban que incluso sus sombras se tocasen con las de los dalit.

Fundacion-Vicente-Ferrer-india

El viaje sigue

El viaje como un rito de pasaje, como medio de crecimiento, de escape o como símbolo de estatus. De cualquier forma, hay una generación de jóvenes que hoy llega a casi todos los rincones del planeta, armados con sus cámaras y teléfonos inteligentes, están conectados a las redes y al mundo.

Muchos jóvenes, de manera más o menos planificada, conocen la fundación mientras viajan por la India, ya sea porque algún otro viajero se los cuenta, o porque lo encontraron en internet. Finalmente, los que deciden visitar la fundación, son recibidos por un máximo de 4 días con alojamiento y alimentación gratuitos.

Durante los días que comparten en Anantapur, los viajeros pueden ser testigos de la intensa realidad que significa la lucha diaria por construir un futuro mejor, y la esperanza y ganas de vivir con la que las personas participan en los talleres y trabajos que ofrece la Fundación.

Esa inyección de ánimo y moral queda tatuada en algún rincón profundo de cada visitante, convirtiéndolo desapercibidamente en un embajador de esta lucha contra la pobreza.

Es así, abriendo las puertas de su casa, como la fundación Vicente Ferrer toma prestada las voces de una nueva generación de viajeros para darse a conocer al mundo.

Maite Díaz es la encargada del área de “Atención al Colaborador” de la Fundación, ella gestiona todas las peticiones de viaje. Maite nos cuenta lo importante que es para ellos dar a conocer todo el trabajo que realizan.

«India atrapa», nos dice, y advierte que hay un antes y un después de la India. Muchas personas regresan para ver en qué están las cosas, como progresa el pueblo o que camino tomó ese niño o niña que conocieron y que tal vez apadrinaron.

También nos cuenta lo difícil que es ayudar a las mujeres, tarea de especial interés para la fundación debido a la desprotección en la que viven. 

Los grupos de ayuda que organizan, o shangams, sirven para que ellas comuniquen sus problemas y para encontrar soluciones a los mismos, donde generalmente se ayudan unas a otras.

Sin embargo, para poder asistir a estas reuniones, tienen que contar con el permiso de sus maridos, por lo que los trabajadores de la fundación no solo tienen que enfrentarse a la pobreza, sino también a los prejuicios y recelos de una sociedad donde la mujer muchas veces carece de los derechos más elementales.

Claudia Costa, profesora de educación física proveniente de Chile, visitó hace algunos meses la fundación. Nos cuenta que mientras se encontraba viajando por el norte de la India, unos viajeros le hablaron sobre esta ONG y de inmediato se comunicó con ellos. En tan solo 24 horas ya tenía una fecha de visita, así que emprendió el rumbo hacia Anantapur.

Claudia recuerda con mucha emoción sus días en la India, y confirma lo dicho por Maite, que este viaje cambió significativamente su forma de ver la vida, aunque más que cambiar, dice que le abrió los ojos a una verdad que veía muy lejana, casi irreal:

«Nosotros estamos tan ajenos a esta realidad, uno piensa que solo se ve en las fotos… y estando ahí, te das cuenta de que hay gente que ha dedicado su vida a hacer un cambio real en la sociedad, y eso uno lo ve solamente estando ahí cuatro días. Es realmente impresionante.»

 

Tienda-Vicente-Ferrer

La fundación con los años se ha ido convirtiendo en un pilar para Anantapur, creando muchos puestos de trabajo y ofreciendo un refugio a desvalidos de toda índole, facilitando el acceso a la educación y a la salud, ayudando a tejer los lazos sociales que mantienen unida y próspera a cualquier comunidad.

Pero la lucha es continua, todo se sostiene con la solidaridad de miles de anónimos que, hayan estado o no en Anantapur, colaboran de alguna manera para seguir manteniendo vivo este proyecto.

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