Crónicas

Ecos de Notre Dame

Eran las 19.00h de la tarde y no podía creer lo que estaba viendo. “Notre Dame en llamas” era el principal titular de todos los lugares y un pequeño foco de fuego que empezaba, sin saber hasta dónde podía a llegar. Pocas horas han sido suficientes para ahumar cerca de 900 años de historia, de nuestra historia.

Hace años que visité París. Sin duda uno de los destinos que tenía en mi lista de “viajes pendientes “. Así que, poco después de los horrores de la sala Bataclán, pisé por primera vez la gran ciudad del amor. Del amor no sé, pero como historiadora del arte, cada uno de sus rincones llevaban tiempo llamándome para que los visitara.

La primera visita de aquel largo viaje estaba clara: la Catedral de Notre Dame. ¿Cuántas clases de gótico necesitamos para entender semejante estructura? No os podéis imaginar el dolor de cabeza que me dieron sus bóvedas y las representaciones escultóricas de sus inmensas portadas.

Fuimos casi las primeras en entrar aquella mañana. Sabíamos que se formarían largas colas de turistas que, como nosotras, querrían entrar a visitar semejante joya. Cuando la vi, entendí por qué la catedral se había convertido en una de las principales “atracciones turísticas” (aunque no me guste decirlo así) de aquella ciudad.

En las alturas

Aquella visita fue devastadora para nuestros pies. Al terminar de gozar de su interior subimos a una de sus torres, también las primeras, para poder contemplar las vistas desde lo alto. Perdimos la cuenta de cuántos escalones llegamos a subir y las paradas que tuvimos que hacer para coger un soplo de aire. Pero recuerdo que mereció la pena poder disfrutar de aquellas vistas y de aquella fría brisa que corría entre las gárgolas que vigilaban las alturas de la catedral.

Vistas desde lo alto de la Catedral de Notre Dame

Podría escribir una larga entrada sobre la arquitectura y todo lo que he estudiado sobre este lugar. Pero hoy solo quiero hacer el esfuerzo de recordarla tal y como la contemplé. Hoy se escribe un nuevo capítulo en la historia de este lugar que tanto ha visto: amor, dolor, pena, guerras, fuego

Las palabras no me ayudan a describir el sentimiento que me recorre por dentro. Pero sí que me ayudan a reflexionar sobre la importancia que tiene todo nuestro patrimonio artístico y cultural. No como una “atracción turística” más sino como un símbolo de identidad, una parte de nuestra historia y una muestra de lo que hemos sido. La fragilidad de lo que somos y de cómo en una tarde las llamas pueden borrarlo.

0 - 0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies