Consejos de Viaje

Roadtrip express: 2 días en las Highlands

Tal como lo has visto en miles de postales de las tierras altas de Escocia: ríos que corren entre las rocas cubiertas de musgo, ciervos y conejos libres por los senderos, bosques frondosos poblados de hongos rojos y flores silvestres, y de fondo, aquella banda sonora de miles de insectos, aves y animales imposibles de identificar.

Así descubrí el Parque Nacional Cairngorms, el más grande de Reino Unido con sus 3.800 km² y a solo 2 horas en auto desde Edimburgo. 

A pesar de llevar algunos meses viviendo en Edimburgo, solo dejé un fin de semana para visitar este parque. Gran error. Podrías pasar días y días recorriéndolo, porque además de lindo, es muy fácil entrar en él. En primer lugar, me atrevería a recomendar alquilar un auto, no es tan caro y, la verdad, es que vale la pena. Tanto en la ruta desde Edimburgo, como dentro del parque, está todo muy bien señalizado y hay varios sitios donde parar si estás en busca de algún baño o cafetería. El único problema es que para la mayoría de nosotros, conducir por el lado izquierdo es un desafío, pero es totalmente posible. 

Algo muy importante de saber, es que en Escocia está permitido hacer “wild camping” en cualquier lugar. Sí, puedes acampar literalmente donde te dé la gana. Lo que sí es recomendable que te leas son los puntos importantes de este manual para así no cometer ningún error que pueda afectar al parque, a su flora y fauna o, incluso, a ti mismo. 

Baemar Castle

Descubriendo el Cairngorms National Park

La ruta que hicimos nosotros comenzó en Edimburgo y, puesto que tuvimos algunos problemas al recoger el coche del alquiler, salimos demasiado tarde. Por esta razón, entramos recién al parque como a las 11 de la noche y en la carretera no había ningún foco, así que si apagas las luces del auto, no se puede ver absolutamente nada. Como teníamos que buscar un sitio donde montar nuestra carpa/tienda y no veíamos nada, nos detuvimos en el primer sitio que parecía más o menos acogedor, y entre llovizna y un viento que nos botaba, logramos al fin armar nuestro refugio y dormir. No exagero si les digo que al despertar y salir de la carpa, aquel sitio era un espectáculo. En lugares así, se torna fácil recordar todos los clichés y acudir a ellos para describirlo, éramos nosotros y el verde de la hierba, el azul del río y alguna que otra oveja merodeando por ahí. 

Esa mañana condujimos 1 hora y media hacia Loch Muick, donde encontramos en la entrada un sitio donde aparcar (4 pounds por estadía) y dentro habían baños y una casa de guardabosques con información y máquinas dispensadoras de comida y café. Oficialmente no es un camping, de hecho, te recomiendan montar la carpa en la tarde para que la gente no piense que es un camping. Pero la verdad sea dicha, con todas las comodidades, además de las mesas con banco de camping y sitio para hacer fuego, no podía no ser un camping. Armados con nuestro repelente de insectos para combatir a los midgis (bicho minúsculo parecido a un zancudo que pica sin parar) nos quedamos ahí y salimos a recorrer el lugar. Las fotos hablan por sí solas:

Glen Muick
Glen Muick
Glen Muick
Lock Muick
Lock Muick
Lock Muick
Glen Muick
Ballater

Nuestro último día partimos relativamente temprano y paramos en una ciudad ya casi llegando a Edimburgo: Kinross. Es pequeñita pero se encuentra al borde del lago Leven, donde en el centro hay una isla que alberga un castillo construido alrededor del año 1300. Este castillo es conocido por haber sido la cárcel de María Estuardo, Queen of Scots, en 1567, quien fue forzada a abdicar por los aristócratas escoceses justo antes de lograr escapar. Desde la orilla salen todos los días unos botes que te llevan a la isla hasta las 4 de la tarde.

Kinross

Kinross fue ideal para una última parada, el lago está rodeado por un parque para caminar, con banquitos frente al lago, sitios para pasear a los perros y juegos para los niños. Podría ser perfectamente un paseo por el día desde Edimburgo.

Escocia me sorprendió de muchas maneras, primero por el frío y lluvia en pleno verano, pero al final terminas agradeciendo este clima que puebla todos los paisajes de un verde que abruma, un verde que no he visto en otro lugar: demasiado verde, demasiado fresco, demasiado vivo. 

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