Crónicas

¿De qué vas a vivir?

Se sabe que existen muchísimas maneras diferentes de vivir, miles de formas de pensar, de decidir. Exactamente 7.500 millones de formas, sí, una por cada ser humano que pisa esta tierra, por lo tanto, también existe una gran diversidad de maneras de viajar. Hay a quien le guste ir de resort en resort, de viaje familiar con los padres, tíos y abuelos, hay otros que les gusta viajar solos, en plan descubrimiento espiritual, viajar de a dos, con tu pareja, hermana o mejor amiga, los mochileros, los de pieza compartida o los de hotel de 5 estrellas. Y así podríamos seguir toda la noche…

Hace algún tiempo que me pregunto qué es el viajar. Para mucha gente es el momento en que salen de vacaciones, como una especie de anexo en la vida, pero no la vida misma. Es por eso que cuando viajas mucho, la gente empieza a preguntar ¿cuándo vas a madurar? ¿Cuándo vas a sentar cabeza? ¿Cuándo vas a tener un trabajo real? ¿De qué vas a vivir? Como si el vivir tuviera sentido solo cuando ganas dinero y te aseguras el futuro, con una casa y un auto, y una buena cantidad en tu cuenta que te haga sentir seguro. Como si de esa forma la vida no se te fuera entre los dedos, porque la tienes ahí: en varios dígitos en una cuenta del banco. Supongo que es válido, cada uno decide en qué gasta los días, si en una oficina subiendo aquellos dígitos de vida, o fuera de la oficina, sin dígitos, pero asegurando el presente.

 ¿Un trabajo real? Es más de lo mismo. ¿Qué es un trabajo real? Aquel que te asegura el futuro, por lo tanto, un trabajo que solo asegura el presente no vendría siendo real, para algunos. Aunque nada es blanco o negro, hay también los afortunados que aman su trabajo y no les significa ningún sacrificio (benditos sean).

Entonces, ¿de qué vas a vivir? Mi respuesta sería: “voy a vivir. Hoy”.

Estación Central Nueva York, Estados Unidos.

La libertad de decidir

Muchas veces se trata de prioridades, de elecciones, y en eso estamos de acuerdo, cada uno tiene la libertad de decidir en qué usar el tiempo y los recursos, pero muchas veces se habla de que el viajar es un privilegio, y claro que lo es si nos ponemos extremistas, pero no lo es más que comprar un maquillaje caro, los mojitos del fin de semana o el último móvil del año. Pero las cosas materiales no tienen la misma cruz que los viajes, nadie te pregunta que cuándo vas a madurar por comprarte el último labial de las Kardashian, y es que el consumismo está muchísimo más aceptado por la sociedad que el decidir no llevar una vida “tradicional”. Pareciera ser que les acomoda más el posicionamiento social en base a lo material que a lo que realmente experimentas. ¿Será que la vida toma valor solo cuando la puedes medir de manera tangible? 

Al menos para mí, también se trata del tiempo. Mucha gente dice “no tengo tiempo”, ya sea para hacer eso que les gusta, como juntarse con los amigos, salir a correr, bailar o viajar. Entonces ahí hay otra pregunta, ¿por qué no tienes tiempo? ¿En qué lo estás usando?

Es cliché decir que el tiempo vuela, que no te das cuenta y ya han pasado meses y años, la vida va avanzando segundo a segundo. Esto me recuerda una reflexión que escuché por ahí: ¿Qué harías si te regalaran 86.400 euros cada día? Lo que no utilices lo pierdes para siempre y no sabes cuándo dejarás de recibirlos. Probablemente tratarías de utilizarlos al máximo posible, aprovecharlos en ti y las personas que quieres, euro por euro, ¿no?. Lo mismo pasa con el tiempo, cada día tenemos 86.400 segundos para aprovechar, y si no los usamos, se pierden para siempre. 

Biblioteca Pública de Nueva York, Estados Unidos.

Es por eso que viajar se convierte en una trampa al tiempo, como si te trasladaras a otra dimensión, donde los segundos corren a la misma velocidad, pero no avanzan. Viajar es un espacio en el tiempo y en ese lugar, solo hay descubrimientos. Te puedes ir un mes, pero esos 30 días se estiran y se hacen más largos, más grandes, más llenos de experiencias.

Y es ahí cuando empiezas a disfrutar el hacer esta trampa, este engaño, porque vuelves a tu casa y te das cuenta de que sí, realmente y según el calendario, fueron solo 30 días. Sin embargo, ¿qué pasó contigo? Lo piensas y las matemáticas no te cuadran. Cómo puede ser que en solo 30 días hayas vivido todo eso, que solo en 30 días pudiste ver otras realidades, pudiste darte cuenta que el mundo (y tu mente) es muchísimo más grande de lo que piensas, que la verdad es aún más relativa de lo que dicen los libros y que nada está asegurado, solo el presente. Qué buena trampa, ¿no?

También es cierto que poco a poco se va transformando en una obsesión y comienza a no ser suficiente para ti. Entonces surge la siguiente pregunta ¿Puedo vivir siempre así? La respuesta dependerá absolutamente de ti y de las decisiones que tomes, pero al menos puedo contarte (si es que ya no lo sabes) que existen varios caminos para lograrlo.

Estación de trenes de Oporto, Portugal

Vivir para viajar

Tomar la decisión de asegurar solo el presente es difícil, y a diferencia de lo que muchos piensan, también es un camino que incluye muchos sacrificios. Sin embargo, cuando al fin eliges esta ruta, debes decidir: ¿cómo lo hago? Estoy segura de que deben existir mil maneras más, pero una que funciona muy bien para lograr que el viaje perdure en el tiempo, es ayudar en algún trabajo en particular a cambio de alojamiento y comida. Esto te permite vivir en el lugar del mundo que tú elijas, solo tendrás que pagar los pasajes para llegar hasta ahí.

Personalmente utilicé la plataforma de WorkAway para encontrar un lugar, pero existen muchas más y sirven para viajar a cualquier parte del mundo. Hay muchas opciones para vivir esta experiencia: ayudando en granjas, con animales, cuidando casas, en hostales, ayudando a gente mayor, paseando mascotas, etc. Hay quienes dicen que es la esclavitud del siglo XXI, que la gente se aprovecha y miles de argumentos más, pero la verdad es que si buscas bien, te preocupas de leer referencias y dejar bien claras las condiciones de trabajo (no más de 5 horas diarias),  se puede transformar en la mejor manera de viajar por largos periodos de tiempo, sin que implique una gran cantidad de dinero y recursos.

Por lo tanto, si tomas la decisión de solo vivir el presente, aunque sea solo por unos meses, no necesitas nada más que tiempo, y eso, ya lo tienes. Está bien sentir miedo, y por seguro muchas veces te sentirás solo, pero poco a poco te irás dando cuenta que solo se necesita tener el coraje para partir, porque una vez allí los miedos se esfuman y verás que lo que llamas hogar sí, es dónde tu familia y amigos están, pero también está en todas aquellas nuevas personas que se irán cruzando en tu ruta. Cuando viajas no importa de dónde vienes ni la edad que tengas, ya nunca más volverás a estar solo, porque hay muchos más igual que tú, interesados en la gente y en su historia, todos con la misma curiosidad por lo diferente.

Cementerio de Trenes, Uyuni. Bolivia.

En fin, todo está en ser consciente de qué es para ti aprovechar la vida, no existen respuestas equivocadas y sea lo que sea que decidas, no pierdas ni un segundo en seguir esperando. Y si te vuelven a preguntar o tú mismo te lo cuestionas ¿de qué vas a vivir? Puede ser que no lo sepas a largo plazo, pero intenta vivir el hoy con la seguridad de que estás utilizando cada uno de tus segundos en algo que elegiste y que te hace sentir libre por sobre todas las cosas, forjando una ruta que construya tu futuro, pero siempre disfrutando el presente como un objetivo en sí mismo, y no como un medio para llegar al final.

Entonces, volvemos a las elecciones y prioridades. En este momento hay 7.500 millones de personas en el mundo decidiendo en qué gastar sus 86.400 segundos diarios. Es tu decisión y ningún camino será mal elegido si es lo que tú, conscientemente, escogiste para ti.

Piénsalo, reflexiona.

¿Qué decidirás tú?

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