Destinos

Aveiro, canales y colores

Cuando escuchamos de Portugal, los lugares que más nos suenan son Oporto y Lisboa, sin embargo, este país esconde muchas otras ciudades que podemos visitar y que nos permiten descubrir su cultura de una manera más auténtica. Es por esta razón, y por recomendación de una amiga portuguesa, que decidimos que Aveiro fuera nuestro primer destino en este país.

Luego de recorrer unos 80 kilómetros para llegar ahí desde Oporto, no podríamos haber estado más felices.

Tan solo al entrar, Aveiro nos sorprendió con sus callecitas angostas, casas bajas con mosaicos de diferentes colores y diseños, algunos murales, gatos y buen clima. Para nosotros, que veníamos escapando de los casi 40 grados que tiene Barcelona en pleno agosto, llegar a Portugal fue un respiro a tanto calor. Su clima es muchísimo más fresco y siempre con una brisa que por las noches te hace buscar algún abrigo.

Días antes había reservado por Airbnb un pequeño piso para cuatro personas, sorprendentemente Aveiro estaba resultando ser mucho más barato de lo que pensábamos, y por el mismo precio de un hostal pudimos alojarnos en un departamento en el centro de la ciudad.

Aveiro se puede caminar perfectamente. En la parte antigua, o el centro histórico, se encuentra la catedral de São Domingos que fue construida en el año 1423 para ser un  convento. Hoy en día se puede entrar y allí encontrarás hermosos azulejos y un órgano que data de aquellos tiempos. Además, en aquellas calles angostas también podrás ver antiguas edificaciones diseñadas del Art Noveau, quedando en evidencia las diferencias económicas que siempre se pueden ver desde las antiguas sociedades.

Los Moliceiros de Aveiro

Uno de los paseos típicos es subir a sus barcos tradicionales y recorrer los canales que cruzan la ciudad. Se suele comparar a Aveiro con Venecia, ya que hay muchos canales que hoy en día puedes recorrer, sin embargo, aquí no encontrarás góndolas. En Aveiro podrás ver los Moliceiros, que a pesar de ser muy similares a las famosas barcas venecianas, antiguamente cumplían otro objetivo: transportar unas algas que ellos llaman molice.

Todos los moliceiros realizan más o menos el mismo recorrido, pero cada uno cuenta con diferentes diseños, adornos y algún nombre pintoresco. Solo debes elegir el que más te guste y comenzar tu paseo. Suele haber un muy buen ambiente, ya que si algo puedo decir de los portugueses es que son gente muy amable, especialmente los embarcaderos, quienes te invitan de manera entretenida y siempre alegre.

La Costa Nova y sus colores

Por otro lado, si buscas un poco de playa, a solo media hora de Aveiro se encuentra la Costa Nova. Un balneario decorado con hileras de casas pintadas a rayas de vivos colores. La verdad es que no sé si puedo recomendar esta playa para ir a bañarse o tomar el sol porque, al menos cuando fuimos nosotros, el viento volaba hasta el quitasol más rebelde. Pero de que vale la pena ir a visitar aquellas casas, lo vale.

Portugal en general me sorprendió: sus calles llenas de colores, los paseos en moliceiro, su comida de mar, su música, el ruido y su gente. Me recordó a Sudamérica, a ciudades de puerto, a Valparaíso. Nos sentimos en casa.

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